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Me gusta saber que tengo recuerdos. Sé que parece una tontería pero si te pones a pensar los recuerdos son maneras de experiencias buenas y malas. Las buenas tendemos a repetirlas siempre de manera que se hacen permanentes, mientras que los malos les recluimos en una parte oculta de nuestro cerebro, igual por que no sentimos mejor con nosotros mismos.
Las personas sin recuerdos lo tienen que pasar mal, no saber como han vivido, cuantos conocimientos se tenían guardados, para luego perderlos con alguna enfermedad.
Hay que sacar partido a nuestros recuerdos ya sean buenos y malos.
Si son buenos cada vez, antes de ir a dormir y lo pienses se extenderá por tu cara una sonrisa automáticamente y pensaras que bien me lo pasé aquel día o mira que tontería hicimos y lo bien que lo pasamos.
Si son malos son amargos, pero sabes lo que no tienes que volver a repetir para volver a caer en ellos, es una ventaja frente a otras personas que no lo hallan vivido.
A veces, incluso los propios recuerdos son inconscientes y salen a flote mediante sueños u olores. Sueños como recuerdos casi olvidados en tu niñez más olvidada y olores como el del verano o cuando la lluvia cae en la calle.
Los recuerdos son una fuente infinita de felicidad y de sabiduria
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