viernes, 14 de diciembre de 2012

Cumpleaños...

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Antes tenia miedo de que el día de mi cumpleaños acabara con las orejas rojas por culpa de los tirones, ahora, solo tengo miedo de sus consecuencias… Puede que esto tendría que estar escrito a los 18 pero aún me queda mucho tiempo para esa cifra.

Todo el mundo guarda algún momento especial de los cumpleaños, con más o menos memoria, prefiero recordar los más cercanos ya que soy más consciente de lo que he pasado y sé como me sentí.
Por ejemplo:
Cuando cumplí 14, me acuerdo de las montañas de cartones de pizzas con el símbolo de “Pinocho” en la parte superior de las cajas que comimos. Esos regalos como el cinturón de tachuelas junto con la pulsera de tachuelas que costó unas cuantas pagas y alguna más, esa camisa marrón clarito que aún me sigo poniendo, mas a menudo de lo que mi madre quiere… De las partidas a la Wii , del tenis, los videos de mi padre, el deseo al soplar las velas rojas, la fotografía en el vestíbulo antes de irnos a casa, y el frío que hacia aquella tarde de domingo de diciembre…
O cuando cumplí 15 años, “la edad de la niña bonita” bueno… al menos eso se dice… recuerdo que aquel día, sonó el despertador del móvil para ir a clase y abrí un ojo y vi un SMS de un amigo que me había felicitado a las 0:00:00 horas de la noche (¡¡viva la exactitud!!) el primero, incluso antes que mis padres, de la manera que me saludaron en clase, dos compañeros, con un abrazo y con un ataque de cosquillas (qué bien..cosquillas..JAJAJAJA), la tarta de chuches de tres pisos…¡¡Buff!!

O como por ejemplo cuando cumplí 16...¡¡buff!!¡¡Qué decir…!! Me acuerdo de la sensación que tuve cuando encendisteis la luz, como si la habitación se hiciese pequeña a mi alrededor.. La manera en la que gritasteis “SORPRESA!!” y el modo en el que os reísteis de mi cuando tardé en reaccionar y tampoco conozco mucha gente que le cueste pillar las cosas… Iba preparada para una sesión de fotos chachi en la magdalena, de repente, cuando reaccioné empecé a llorar y no fue la única vez que lo hice en aquella noche del puente de diciembre. Noche de música (Everybodyyyy, yeeeaah!!), de risas, de bromas telefónicas  de mucha play, poco dormir y muuuuuuuchos pero que muuuuuuuuuchos globos, mucho bizcocho (Qué rico…) y muchas velas que soplar una vela por cada letra de “Feliz cumpleaños Paula“… Después, a la semana siguiente, comiendo pizza y jugando al Scattergories… volví a soplar las velas, con la cifra 16.
Cada cumpleaños es distinto de otro, no es lo mismo un cumpleaños de cuando era pequeño, en la isla pirata (Que se debían hacer ricos a nuestra costa…) que ahora.
Las cosas cambian, las distancias son insalvables y las personas que estaban ya no están y a la inversa. 
Cada cumpleaños es distinto, lo marca la historia que lo rodea…

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