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Ir por la calle caminando con tus amigos y ver como un grupo de niños pequeños, ilusionados con esto de la navidad, corriendo de un lado a otro, con globos en la mano y jugando a las palmas te recuerda que tu, no hace mucho tiempo, eras igual que ellos.
No importaba lo que dijeran de ti, te ponías a jugar y ya estaba, lo tenias todo solucionado; todas las preocupaciones se iban solo quedaban el "jo, que me va a encontrar" en el escondite o "no vale, me has pillado fuera de lo que dijimos" no sé como lo hacíamos de pequeños pero siempre lo arreglábamos todo.
Me hace ilusión ver a los niños en la cabalgata de reyes, todos están supernerviosos y con los ojos iluminados, lo mejor para ver la cabalgata es ponerse al lado de un niño expresivo, y olvidarte un momento de tu casi edad adulta y ponerse a gritar el nombre de tu rey favorito como una enana de tres años.
Porque aunque ahora tengas una edad en la que se supone un poco de madurez en esos momentos te dejas llevar, y todo que se guarda cuando descubres la verdad, sale a flote de nuevo, e incluso hace que te ilusiones, que te pongas nervioso, y que te brillen los ojos como cuando eres pequeña e incluso te pelees con tus amigos por tu rey mago favorito.
Tu yo pequeño sale a flote y no lo puedes evitar.
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